19 ¿Temor de Dios?

por Heriberto Hernández Medina

I

 

Por tan pequeño mal

dolor tan fuerte.

Lope de Vega

 

Los poetas no le hablan,

le recriminan

la frágil materia de que hizo a los hombres.

Tienen ganado el cielo,

su vida ha sido baldía,

eterno páramo en que sólo florecen

palabras ajadas, pétalos de papel de indeleble tristeza.

Miran al cielo sin miedo, Dios no puede

sostener sus miradas;

las llamas del infierno que les sembró en el pecho

aterran en sus ojos.

 

No le adorarán, no tenderán su sombra siquiera,

le negaran

sus sábanas y su plato:

no tienen temor de Dios, del tiempo

futuro o eterno, con que puede premiarles

o de ese espacio oscuro

que puede ser la muerte.

Les ofrecieron una vida, un corazón de seda cubierto,

que ha sido una forma continuada, eterna,

de morir.

 

Dios es la fuente de su pesar; a quién,

a quién

pedir: detén este dolor que late

donde comienza el cuerpo y el alma se despeña.

 

Un desgraciado, que ha puesto su dedo etéreo

sobre tanta cabeza condenada, sobre

tanta miserable existencia,

podrá premiar, tener siquiera bondad, misericordia

o algo noble que pueda invocarse con alguna

de estas palabras huecas.

Nacimiento del alma de Alicia de Urieta