48 ¿Quién practica el vudú?

por Amparo González

Ingrid Llera de 49 años ejerce como sacerdotisa vudú desde hace una década. Afincada en Miami desde los 16 años defiende esta práctica, compartida por toda su familia, con la que creció en Haití. Para ella, el vudú es una forma de vida y achaca sus connotaciones negativas a la influencia comercial de Hollywood. Y, piensa que si la gente realmente se enterase se inclinarían hacia él “como locos”. No necesitarían de la iglesia o de un cura porque aprenderían a vivir en armonía con la naturaleza y con Dios.

Ingrid asegura que el vudú podría cambiar el mundo y que hay que luchar para combatir las preconcepciones negativas sobre el vudú. “¿Qué pasa cuando tienes un diamante en la tierra? Aunque esté sucio, sabes que con un poco de agua y una buena pulida, alguien va a descubrirlo. Esto es el vudú”.

Ingrid quiere bien reabrir el templo “Haluba” en Little Haití en la segunda avenida y la calle 54 del NE, que se clausuró hace cuatro meses por falta de fondos o alquilar otro local. Recauda donaciones en las reuniones que organizan, algunas de ellas en la librería Mapou que le abre sus puertas como centro cultural. También tiene un programa de radio donde anuncia sus planes y utiliza las redes sociales como Facebook para difundir su proyecto.

El aspecto más interesante sobre el vudú para Ingrid, más que la religión, es la filosofía, su propuesta de vida. “Es como si coges a los africanos que vivían en la vieja Guinea en África. Esa es la única forma que conocían de vivir,” dice Ingrid. “No sabían nada sobre religión. Es más que una religión, es una forma de vida.”

Hay una clara reticencia entre los haitianos de Little Haití a hablar sobre el vudú e incluso existe un cierto temor. Para Ingrid, el temor haitiano a reconocer su práctica se debe a una falta de educación y también a una carencia del lenguaje para hablar de ello: “aunque saben lo que es y lo viven”.

El artista haitiano Edouard Duval Carrié, residente de Miami desde el 92, está de acuerdo: “Todos los haitianos practican el catolicismo y el vudú en el barrio, pero no lo admiten. No entienden que en Miami viven en una democracia y que tienen  el permiso de hacer lo que les dé la gana”.

Para Duval Carrié, el vudú no es una cuestión de creencia sino de educación: “de culturizar un poco a la gente para que sepan su historia y de dónde sale cada uno”. Por lo tanto considera que es normal que él sepa sobre el vudú como cualquier otro haitiano. Debería dejar de presentarse como que no saben nada, que es algo malo y por la noche “salir todos a brincar”.

“Mi familia se cree que estoy loco porque hablo tanto del vudú”, explica Duval Carrié. “Me interesa porque es un fenómeno cultural muy importante e interesante que da vida a Haití. Que yo crea en eso o no es irrelevante. Si los haitianos lo vieran como parte de nuestra herencia; nuestro país no estaría como está”.

Jan Mapou, propietario de la librería Mapou y promotor cultural haitiano se considera interesado en el vudú por ser una religión practicada por muchos haitianos, tanto en Haití como en Miami.

Mapou estima que quizás el 30 o 40% de los 75.000 habitantes de Little Haití, practican el vudú. “Es la religión de sus mayores y ha pasado de generación en generación”. Además “puedo tener alguien en mi familia que lo practicó en el pasado: mi madre o mi abuela o mi padre o mi abuelo”. “La gente está unida a las raíces y esas raíces están teñidas de vudú haitiano. Y aunque no lo practiquen abiertamente, en las habitaciones de sus casas, antes de irse a la cama, tienen sus pequeñas oraciones o rituales”. “La religión vudú no crea violencia sino amor y actividades sociales para ayudar a la gente”, asegura Mapou.

Justina, vive en Little Haití desde hace año y medio, asegura que hay celebraciones en su barrio todo el tiempo, con tambores, música y gente gritando en criollo. Cuando va a trabajar como camarera al pub Churchill a las 5 de la tarde: “la fiesta ya ha comenzado”.

Desde que se cerró el templo Haluba, un edificio de 6.000 metros cuadrados, la comunidad se ha visto forzada a practicar el vudú en las casas, asegura Ingrid: “Donde hay una comunidad haitiana debería haber un templo”.

Duval Carrié piensa igual; los haitianos creen en el vudú, “es una parte integral de su persona, de su historia y es una historia muy linda, de represión y de lucha contra la opresión”. Es importante para una gente y un país muy mal comprendido. “Yo soy el apóstol del vudú sin ser nadie”; asegura el artista haitiano.

Lo cierto es que en la calle principal de Little Haití hay tres comercios religiosos o botánicas y muchos otros en los alrededores. Constantemente entra y sale gente buscando aplacar sus preocupaciones o solucionar sus problemas.

Ingrid señala que los dueños de estas botánicas usan parte de sus ganancias para ayudar al templo.

Frente a los detractores, la sacerdotisa asegura: “No son los santos católicos o espíritus del vudú los que hacen una religión mala, es la gente dentro de la religión que está usando la cruz de una manera equivocada. Yo sé la verdad y sé que solamente hay un Dios, que sólo hay una energía”.

Para Ingrid todo el mundo practica el vudú, aunque le den otro nombre y no lo sepan, es la misma cosa: un espíritu de la energía.

Mapou considera que un templo vudú beneficiará a  la comunidad haitiana al proporcionar actividades sociales a “especialmente los jóvenes” y un lugar donde asentarse. Además se convertiría en un centro informativo y educativo para que el resto de la población no practicante pueda ir y comprobar, que los creyentes muestran un legado cultural con canciones, vestidos típicos y mucha melodía. Además “siempre hay comida porque tienen que alimentar a los espíritus y al mismo tiempo, mientras estás allí puedes comer y beber gratis”.

A pesar de los supuestos apoyos de las botánicas, de los 10.000 dólares necesarios, Ingrid hasta el momento solo ha conseguido reunir mil. Su próximo paso es llamar al Canal 7 y a “New Times” para dar a conocer su proyecto y pedir apoyo de la población anglo en Miami.

Fountain de Youri Luis Mendoza Silverio