52 Miami. Turistas, colonos y aventureros en la última frontera de América Latina. Hernán Iglesias Illa Versión Kindle para iPad

por Omar Villasana

Un libro puede ser un espejo, pero no necesariamente el reflejo narcisista, sino acaso la imagen que descubre. Esto es lo que me ha sucedido leyendo el libro de Hernán Iglesias Illa sobre Miami.

La imagen que devuelve el espejo de Miami no es el que otorga la autocomplacencia de quien se cree hermoso, es más bien  reconocer  las arrugas o las imperfecciones del rostro cuando uno se observa detenidamente.

Si bien es cierto que el grupo al que pertenezco (el de los mexicanos que representa el 2 % de la población miamense) apenas se encuentra bosquejado, mi reflejo se manifiesta de manera más intensa cuando me reconozco en los prejuicios de Hernán Iglesias sobre sus primeros contactos con Miami.

En México existe un dicho: “Fuera del Distrito Federal todo lo demás es Cuautitlan” el cual se traduce a que no existe nada pasando las fronteras de las megalópolis.

Iglesias Illa hace ese recorrido a través del libro como el neohippie que ve con desprecio la frivolidad miamense representada por los destinos de la playa mientras va conduciendo un suzuki que es una ruina, pasando por el ford focus gris anodino que se aventura en la suburbia de Miami-Dade hasta finalizar el viaje en un jeep donde reconciliado con su visión de Miami recapitula su visión sobre la ciudad que busca retratar.

Este libro  bien documentado, con interesantes y esmeradas entrevistas de diferentes representantes del mosaico cultural miamense encuentra puntos claves al oponer la cultura cubana tradicional vs. los nuevos grupos latinoamericanos o cubanos recién llegados que más allá de pretender asimilarse tienen un pie puesto en Miami y otro en el terruño que han dejado, como dice Jesús Rosado en su ensayo Miami del concepto a la Metáfora en nuestra revista Nagari 1:

Pensemos en cuanto habitante de este pantano hormigoneado no ha experimentado que hacerse miamense es una trayectoria mortificada por el continuo deshacer de valijas para retornos que se consideraban inminentes.

Como atinadamente señala Iglesias Illa esta cualidad migratoria que define a Miami ha sido parte de su éxito y sus limitaciones.

El título de este libro como frontera no es gratuito,  Miami es una ciudad que se reinventa de forma constante con el ir y venir de comunidades que se ven arrasadas por crisis económicas, políticas o criminales, tal como lo han sido los flujos de colombianos, argentinos, peruanos y venezolanos, es más

un punto de encuentro, un territorio neutral donde los latinos pueden establecer una conversación más que la capital de América Latina.

Miami será acaso, como dice Iglesias Illa sumándose a Frank Soler, el futuro que la globalización otorgará a las ciudades de los Estados Unidos de América (¿y al mundo?),

será una sociedad multiétnica, multilingüe y tolerante… Miami tiene la energía el tamaño y la flexibilidad para convertirse en todo lo que quiera ser. Quizá no Nueva York, la capital del Siglo XX, pero sí parte de una red de nuevas ciudades híbridas capaces de combinar lo mejor da la vida urbana tradicional con lo mejor  de la vida global y  posmoderna …

A estas fechas la imagen que Yo mismo me he formado de Miami ha sufrido una metamorfosis similar a la que experimenta el propio Hernán Iglesias Illa a lo largo de su libro donde busca pasar de esa capa externa de consumismo frívolo y materialista y encontrarse con el verdadero Miami.

Miami. Turistas, colonos y aventureros en la última frontera de América Latina es una aproximación necesaria para quien desea encontrar una coherencia de lo que representa el fenómeno miamense.

Es curiosa la coincidencia que encuentro con este poema que escribí hace algunos años, cuando tenía poco tiempo de vivir en Miami con una de las frases finales del libro.

 

Miami

Ancha de caderas

me provocas

con tu displicente andar.

 

¿Que encanto afrocaribeño

me otorgan

tus plañideros

(torrenciales)

cantos veraniegos?

 

A media brazada

te quedas de nuestra Latinoamérica

y del americano sueño.

 

Perpetuando la añeja tradición

de postergarlo todo.

 

Roma no se construyo en un día

 

¿Porqué Miami

sería la excepción?

 

¿Escuchas?

 

¡Vámonos!

 

¡Es noche de rumba!

 

Miami no es real -es una promesa, un espejismo- porque está esperando: Miami no está terminada. Ese día será su juicio final, el comienzo de la vida adulta, la sedimentación verdadera. Su transformación, si el apocalipsis es generoso, en hogar.

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