47 Mariel-Miami

por Roger Silverio

Era el 20 de Mayo de 1980, en el puerto del Mariel, mis cuatro hijos mi esposa y yo fuimos hacinados en un pequeño bote con capacidad tal vez para 15, máximo 25 personas.  El capitán, o dueño, protestaba pero las autoridades cubanas hacían caso omiso y ciento veinte desdichados buscábamos donde sentarnos, queríamos escapar de  un régimen que nos había prometido “el paraíso” y nos había hecho vivir en el infierno.

Al alejarnos, a punto de salir del puerto nos hicieron regresar y 30 desafortunados fueron sacados como “medida de protección” para evitar un posible naufragio.

Las olas en el golfo alcanzaban 20 metros o más.  ¿Cómo no naufragamos? Habría que tener acceso a las órdenes dadas por Dios ese día, cosa improbable a nosotros, los pecadores que felizmente arribamos a Cayo Hueso trece horas más tarde.

Después de un breve descanso y recibir alimentos, nos subieron a un avión con “destino a Miami”, en lo alto, a 32,000 pies de altura, veinte minutos después de el despegue, los oficiales de Inmigración nos informaron que nos dirigíamos a Fort Indiantown Gap en el Estado de Pensilvania.

 

Una vez dentro de la base militar, fuimos separados  por categorías, a nosotros nos tocó en una barraca familiar, lo cual fue una ventaja pues en el grupo habían sido introducidos enfermos mentales y delincuentes de alta peligrosidad que causaron todo tipo de inseguridad a las familias que componían el grupo.

 

El cuatro de Julio de 1980, cuarenta y cuatro días después, salíamos de aquel encierro y llegábamos a Miami, tan solo con la ropa que vestíamos, pues aunque al fuerte llegaban muchas donaciones, estas eran acaparadas por esta ralea que se apoderaba a fuerza de todo lo que entraba.

 

El cuatro de Julio golpeó nuestras retina con sus fuegos artificiales, un júbilo desconocido por nosotros nos hacia temblar a pesar del calor.  Después de la medianoche junto con el ruido de los cohetes y la fanfarria se marchó  el sueño y  una rara sensación de alegría y pesar se discutían espacio en mi cansado pecho.

 

Comenzar a trabajar no fue fácil, pero una vez que comencé, la prosperidad empezó a mostrar su blanca dentadura en una sonrisa llena de sudores y largas faenas, pero con logros y sueños hechos realidad.

 

Miami prosperaba contrario a las predicciones, el Mariel trajo muchas personas con deseos positivos, aunque junto a ellas, los delincuentes de las cárceles que habían sido limpiadas por el gobierno de Cuba también trajo inseguridad y crimen, la droga corría por las calles y el lujo y la abundancia fácil contribuyó a crear una fama que dio origen a muchas películas sobre los cubanos mafiosos.  Scarface creó un estereotipo que afectaba a los miles que habían venido buscando un futuro y la tan ansiada libertad.

 

Poco a poco el agua tomó su nivel, pero en años posteriores, oleada tras oleada de cubanos, llegaban a Miami estimulados por las riquezas que se decían en Cuba, esperaba a los listos que se “arriesgaran un poquito”.  Florecían empresas médicas, agencias de viajes y toda una sarta de negocios de dudosa reputación, los robos al Medicaid estaban a la orden del día. Matrimonios llegaban alegando divorcio y miles de “madres solteras” drenaban las escasas arcas del “Children and Family Departament” (Departamento de Niños y Familia) seguidas  muy de cerca por quienes trabajan por “la izquierda” es decir trabajan sin reportar al Departamento de Rentas Internas, o quienes vivían una vida disoluta como parásitos de una sociedad que no sabe como quitárselos de encima.

 

Finalmente apareció todo un engranaje delictivo en que los departamentos encargados de distribuir ayuda contribuían  a asegurar las ayudas a los recién llegados, (a veces no tan recién llegados) y que se convierten en una carga insostenible pero ineludible para quienes de “buena fe” preferían dar a comprobar derechos asegurando así un empleo con muchos beneficios.

Miami sigue siendo La Meca de millones de personas en todos los países latinoamericanos, Miami sigue rodando con gomas moralmente ponchadas, pero a pesar de su corrupta adversidad, en Miami hay miles y miles pedaleando con ahínco y trayendo cambios positivos.

 

Miami es ejemplo de tesón y logros de miles, esos,  que llegaron con manos vacías y han convertido  un área desolada y pantanosa hace cincuenta años atrás, en una ciudad mundialmente reconocida y admirada.

 

Miami, ciudad con sabor latino y corazón indescifrable.

Alone de Youri Luis Mendoza Silverio