45 El arte de las ruinas (circulares)

por Santiago Juan-Navarro

Stadium from Hell!!! or Grafitti À gogo de Ana Juan Gómez

Dicen que las ruinas revelan el legado histórico “incómodo” de una ciudad. Nada más cierto que en el caso del Miami Marine Stadium. En una de las orillas de Virgina Key y en medio de la maleza se alzan los restos de lo que fue un moderno estadio para deportes acuáticos. Obra del joven arquitecto cubanoamericano Hilario Candela, el recinto, con capacidad para más de 7.000 espectadores, fue construido en 1964.  En él se sucedieron los espectáculos náuticos, los conciertos musicales y hasta los combates de boxeo. Por allí pasaron Mitch Miller, Jimmy Buffett, Sammy Davis Jr. y hasta el mismísimo Richard Nixon, cuando tenía su residencia de verano en Key Biscayne. El estadio terminó por convertirse en uno de los iconos glamurosos de una ciudad que cada vez se parecía más al simulacro que de ella diseminaban las series de TV y los operadores turísticos. Pero tras dos décadas de esplendor comenzó su declive. Ante la competencia imposible con locales mejor equipados, como el Miami Arena y el James L. Knight Center, el lugar dejó de ser atractivo y, sobre todo, rentable. El golpe de gracia vendría de la mano del huracán Andrew. Tras sufrir daños sustanciales en su estructura, el recinto fue clausurado en 1992. Desde entonces ha permanecido en un estado de semi-abandono.

Stadium from Hell!!! or Grafitti À gogo por Ana Juan Gómez

Una nueva especie puebla ahora las instalaciones maltrechas del Miami Marine Stadium: la de los artistas callejeros que imprimen sobre cada centímetro la marca de millares de grafitis. ¿Qué hubiera fabulado Piranesi bajo los efectos del ácido lisérgico? Acaso algo parecido a lo que encontramos hoy día en estas extravagantes ruinas. Como en las cárceles imaginarias del grabador veneciano, aquí la arquitectura parece haber perdido toda lógica y sentido. Su funcionalidad no es ya dudosa, sino flagrantemente absurda. Pero, a diferencia de las oscuras cárceles imaginarias de Piranesi, el efecto perturbador de este nuevo espacio laberíntico viene dado por la acumulación impune de coloridos grafitis que se superponen como en un palimpsesto infinito; grafitis que recubren no sólo paredes, sino también techos, suelos, asientos, lavabos, maquinarias abandonadas…, cualquier superficie visible. El horror vacui del barroco más delirante es puesto aquí al servicio del caos. Esta nueva recreación mágica de un universo que parece extenderse ilimitadamente en el desequilibrio de los espacios oníricos no parece tener otro objetivo que el de generar perplejidad en quien lo contempla y desahogar la rabia de quien cada noche lo (re)crea. Y es que el grafiti (ya sea la pintada, el tagging o los throw ups) es un arte de la transgresión. Vulnera las nociones de la estética académica, el concepto de la obra como bien de consumo, y, por supuesto, los más elementales principios de la propiedad privada. No sorprende que sea la forma de expresión favorita de aquéllos a quienes se les ha negado el acceso a las redes de producción y distribución culturales (o que simplemente no tienen el menor interés en formar parte de ellas).

Stadium from Hell!!! or Grafitti À gogo de Ana Juan Gómez

Pero, como todo, las ruinas también están condenadas a desaparecer y éstas probablemente lo harán pronto. Uno de los proyectos que el actual alcalde de Miami, Tomás Regalado, propuso en su campaña electoral fue la “restauración” del edificio. Todo hace pensar que el estadio, tras una limpieza a fondo, retomará sus tareas originales y volverá a una “normalidad” de la que escapó durante los últimos diez años. Algunos quizá echen entonces en falta la explosión de color de sus aerosoles, la magia espectral de su grada vacía, el silencio ensordecedor de sus rincones. Ya no serán las ruinas acaso las que evoquen nostálgicamente un pasado esplendoroso, sino el vacuo esplendor del presente el que nos haga evocar nostálgicamente sus ruinas.

Stadium from Hell!!! or Grafitti À gogo de Ana Juan Gómez

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