4 Ciudades

por Germán Guerra

Macedónico silencio de monjes organistas

y un coro de barítonos ciegos

entonando el ángelus que omite

fundidos a las cruces del incendio

y devorando el corazón de Bach en mi ventana.

Una mano, entre la sangre y el silencio,

escribe partituras en el aire

y este manojo de máscaras

de música y tendones que es el hombre,

esta ciudad mojada y su música de cámara.

 

Rota parábola del sol, los soles rotos

rompiendo una ventana.

Música invisible de la tarde

abriendo sus gargantas

ante las puertas de Numancia, Berlín, Bagdad,

Alejandría, Belgrado, Madrid, Jerusalén,

La Habana, Londres, Nueva York

incesantes —incesantes ciudades,

gargantas de la música—, incesantes

bajo su lluvia y su metralla, protegidas

entre los senos tibios de muchachas tercas

y las podridas tetas de la historia.

 

El ojo roto frente al ojo de Dios,

cíclope dictando la imagen de su sangre:

órdenes     noticias     ventajas     utopías.

Una paloma con las alas rotas

rompiendo mi ventana.

de Vicente Heca

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