13 Apacible, a la sombra de mis dilemas

por José Alfredo Aruaz Espinoza (Ares)

I

Apacible, a la sombra de mis dilemas,

descansa la certeza de ser tan efímero como la luz que llega,

nos toca y muere hacia otra vida…

Apacible, al resguardo de mis ideas,

agito el frágil momento que nos mira, y le arrebato la calma,

para armarme una estampida de sombras…

Los colores se disputan mis ojos, pero acaba seduciéndolos la duda…

Y el ruido que llega a duras penas,

como un vano argumento de quien se deleita en la ciénaga,

es una herida abierta que duele en el alma,

y que sangra en la risa…

II

hoy anduve sitios descoloridos

como ya tantas veces…

y conocí la misma sed….

hoy clavé mis pasos en el olvido

y vi mis huellas perderse

tras el humo del placer…

hoy comulgué con el delito

de ser una excepción,

poblando calles muertas…

y fui de la ciudad un grito

sordo que fue a parar,

a la piel de las aceras….

III

pasa…. que no pasa nada,

me engancho de una palabra

y me voy…

hay mundos más sutiles en los rincones

que en las avenidas atestadas…

soy una extraña sensación bicéfala…

IV

ágilmente me detengo:

dejo pasar el eco de las campanas que llaman…

dejo nacer el ruido de la ciudad que gime…

esquivo miradas fantasmas que engañan…

anulo el sabor de la rutina que oprime…

y de pronto…se me hace tarde…

V

A veces asoman los delfines,

ahora mismo vi uno,

su aleta hizo una herida leve en el agua…

pero el que sangra soy yo.

A veces también pasan ángeles por la acera

en donde vivo,

esos hieren con la mirada… esos si que matan.

Allá, las gaviotas siguen jugando

a quedarse colgadas del aire,

cerca de otros ángeles,

los que jamas pasan por aqui.

Son poca cosa desde las alturas

Las cosas que acá pasan:

un hombre tirado en la calle, un alma tirada en el vicio,

luces que no apagan la noche,

piedras que no amansan al viento,

ruidos que no tocan el misterio.

Dos que se cogen de la mano,

y no dejan de ser dos,

tres que se cogen de la risa

y no dejan de ser llanto.

Una ciudad de historias mutiladas,

que se dobla sobre si misma,

en cada esquina, para mirarse las llagas….

de Vicente Heca